Qué manía esa de los países de poner fronteras de por medio,
de esas que deciden que tú y yo
no vayamos a dormir a la misma hora ni compartamos el desayuno.
Qué manía de enseñarte calles, museos, tiendas y librerías que yo no he de conocer ahora.
Qué manía de darte las gracias en otros acentos,
otros idiomas y hacerte olvidar por momentos (espero) mis susurros.
Qué manía de despertarte con otra luz, otro clima y en otra cama.
Qué manía de enamorarte con sus encantos.
Que manía de no ser yo, de no ir contigo,
de no descubrir como veníamos descubriendo…
A.J.